EDITORIAL
Puntajes de riesgo
cardiovascular: una gran herramienta… cuando son usados por un buen médico
Cardiovascular
Risk Scores: Great Tools... When Used by Good Physicians
Leopoldo
Pérez De Isla1, Adriana Saltijeral Cerezo2
1 Servicio de Cardiología. Unidad de Riesgo Cardiovascular. Hospital
Clínico San Carlos. Madrid. España.
2 Servicio de Cardiología. Hospital Vithas Aravaca Madrid. Madrid. España.
Rev Argent Cardiol 2023;91:105-106. http://dx.doi.org/10.7775/rac.es.v91.i2.20624
Ver artículo
relacionado: Rev Argent Cardiol
2023;91:109-116. http://dx.doi.org/10.7775/rac.es.v91.i2.20609
Los puntajes o escalas de riesgo son ecuaciones diseñadas
para determinar la probabilidad de ocurrencia de un evento. En el caso de la
Cardiología, las escalas de riesgo cardiovascular tratan de calcular la
probabilidad de sufrir un determinado evento cardiovascular en un determinado
periodo de tiempo. Por su amplio uso, cuando nos referimos a las escalas de
riesgo, generalmente estamos hablando de los puntajes que predicen la aparición
de eventos cardiovasculares relacionados con la aterosclerosis. Pero no debemos
olvidar que existen otras dedicadas a otros tipos de cardiopatías. Como bien
dice el artículo que nos ocupa, (1) estas escalas no son más que ecuaciones matemáticas basadas en una
serie de variables que definen el riesgo mucho mejor que esas mismas variables
por separado, porque tienen en cuenta las interacciones existentes entre la
presencia e intensidad de las mismas. Generalmente se trata de usar variables
accesibles, pragmáticas y al mismo tiempo válidas para la predicción. La
precisión con la que una ecuación de riesgo determina la probabilidad de que
ocurra un evento se suele calcular mediante un índice matemático denominado
índice C de Harrell. (2)
Los puntajes de riesgo son herramientas clínicas muy
útiles, pero debemos conocer muy bien sus limitaciones antes de aplicarlas. Una
primera limitación es que al diseñar una ecuación de riesgo hay muchas
variables importantes que se dejan fuera de la misma y no se tienen en cuenta,
y que por lo tanto no van a ser factores que determinen un mayor o menor
riesgo. Un ejemplo claro de este hecho puede observarse en ecuaciones que
incluyen para el cálculo del riesgo la tensión arterial sistólica pero no la
diastólica. (3) ¿Qué ocurre con un paciente que tiene elevada la tensión diastólica y
la tensión sistólica controlada? ¿No tiene un riesgo aumentado? Creemos que
puede ser un ejemplo tan fácil de entender como el que el índice de masa
corporal no esté presente aún en muchos puntajes de estimación del riesgo. (3) En segundo lugar, debemos tener en cuenta que las
ecuaciones de riesgo determinan la probabilidad de sufrir un evento en una
población y no en un sujeto en concreto. Por tanto, podemos decir que una
determinada probabilidad se va a cumplir en una población de, por ejemplo, 1000
sujetos, pero lo más probable es que no seamos capaces de determinar la
probabilidad exacta de sufrir un evento cardiovascular en un sujeto específico.
Por otra parte, otro aspecto importante a destacar es que son ecuaciones
diseñadas para pacientes en prevención primaria. La pregunta que debemos
hacernos al pensar en este detalle es la siguiente: un paciente que tiene
ateroesclerosis subclínica ¿es un paciente de prevención primaria o de
prevención secundaria? ¿Debemos aplicar estas ecuaciones diseñadas para
pacientes en prevención primaria, es decir sin enfermedad cardiovascular, en
pacientes que tienen enfermedad subclínica? Es otro aspecto que queda sin
resolver.
Otra limitación para tener en cuenta es que la estratificación
de riesgo se hace en función del resultado numérico de la ecuación. Como los
autores muestran en el artículo, los pacientes con un puntaje inferior al 5%,
entre 5% y 7,4%, entre 7,5% y 19,9% e igual o mayor al 20% fueron clasificados
como de riesgo bajo, “limítrofe”, moderado y alto respectivamente. La
limitación, en esta ocasión, recae sobre el establecimiento de estos umbrales,
ya que son puntos de corte completamente arbitrarios y no basados ni en datos
matemáticos-epidemiológicos ni en datos clínicos. No quiere decir, ni mucho
menos, que por ello no sea de gran utilidad el hecho de establecer una
estratificación del riesgo, pero debemos ser cautos y flexibles a la hora de
aplicar y utilizar estos umbrales.
En el artículo escrito por el Profesor Daniel A. Siniawski y colaboradores (1), tratan de evaluar si tres moduladores como son los niveles de
lipoproteína (a), la detección de placas ateroscleróticas carotídeas
y el puntaje de calcio arterial coronario son útiles a la hora, no solo de
optimizar la estratificación del riesgo cardiovascular sino de modificar el
tratamiento hipolipemiante, en concreto el uso de estatinas. Sin duda, preguntas que son un reto en nuestra
sociedad, que condicionan planteamientos clínicos y económicos y cuyos
resultados nos aportan importantes conclusiones para nuestra práctica diaria.
Se trata de un estudio bien diseñado, basado en datos obtenidos de una muestra
considerable de pacientes. Es destacable que uno de los moduladores de riesgo,
la lipoproteína (a) es un factor causante de enfermedad cardiovascular mientras
que los otros dos, la detección de placas ateroscleróticas carótidas y el
puntaje de calcio arterial coronario, miden la consecuencia del efecto de los
factores de riesgo. Las dos principales críticas que nos gustaría hacer son el
hecho de que se trate de pacientes procedentes de un solo centro y el sesgo de
selección existente ya que son sujetos que han acudido a un consultorio de
prevención cardiovascular.
El trabajo tiene numerosos aspectos positivos a
destacar. El primero es que, a diferencia de otros muchos estudios, más de la
mitad de los individuos analizados son mujeres, por lo que los datos que nos
ofrece son más reales que otros estudios con un altísimo porcentaje de varones
incluidos. De gran interés es el dato de que casi la tercera parte de la
población tiene niveles de lipoproteína (a) elevada. La lipoproteína (a) es un
factor de riesgo implicado tanto en la aterosclerosis coronaria(4–6) como en la generación de estenosis valvular aórtica, (7) que está cobrando una gran importancia y para la que
aún no tenemos tratamientos específicos, aunque existen medicamentos en
desarrollo con grandes expectativas. (8) Otro dato muy importante es la alta prevalencia de aterosclerosis
subclínica, tanto carotídea como coronaria, que
existe en una población relativamente joven. Estos datos pueden ser
superponibles a los encontrados en España en el estudio PESA, (9) en una población aparentemente sana desde el punto de
vista cardiovascular y con una edad media ligeramente inferior. También la
falta de concordancia entre la presencia de aterosclerosis carotídea
y la presencia de aterosclerosis coronaria es un resultado que ya se había
encontrado en artículos previos. (9) Probablemente, esta falta de asociación tenga relación con que los
diferentes factores de riesgo tienen un tropismo diferente por diferentes
territorios arteriales. Así, la hipercolesterolemia tiene un especial tropismo
por las arterias coronarias mientras que la hipertensión arterial tiene un
tropismo más dirigido hacia la enfermedad carotídea. (10) Como bien se señala en el artículo, el hecho de no
encontrar aterosclerosis carotídea no significa que
no puede existir aterosclerosis coronaria como ya se ha visto previamente otros
artículos.
En el artículo también se define el sentido pragmático
del abordaje del riesgo que se ha llevado a cabo en estos pacientes. No
solamente se ha conseguido estratificar mejor su riesgo cardiovascular, sino
que esa estratificación tiene como consecuencia un cambio en su manejo
terapéutico en concreto con una intensificación del tratamiento hipolipemiante.
Los nuevos desarrollos de inteligencia artificial
pueden suponer en el futuro una herramienta muy útil para estratificar el
riesgo, (11) pero a día de hoy, un buen puntaje acompañado por moduladores, como los
que nos muestra el equipo del Profesor Daniel A. Siniawski
en su artículo, son la base científica para el manejo de nuestros pacientes.
Nunca olvidando que la Medicina es una ciencia, pero también es un arte y que
la experiencia del médico y el conocimiento de su paciente, aportan un grado de
excelencia imposible de alcanzar por otros medios.
Declaración
de conflicto de intereses
El autor declara que no tiene conflicto de intereses
https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/
©Revista Argentina
de Cardiología
1. Siniawski DA, Masson WM, Barbagelata L. Limitaciones de los puntajes de riesgo
cardiovascular en prevención primaria. ¿Una oportunidad para los moduladores de
riesgo? Rev Argent Cardiol
2023;91:109-16. http://dx.doi.org/10.7775/rac.es.v91.i2.20609
2. Collins
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https://doi.org/10.1136/bmj.g7594
3. Visseren FLJ, Mach F, Smulders YM, Carballo
D, Koskinas KC, Back M, et al. 2021 ESC Guidelines on
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Fernández-Friera L, Peñalvo JL, Fernández-Ortiz A, Ibañez B, López-Melgar B, Laclaustra
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10. De Isla LP,
Alonso R, Mata N, Saltijeral A, Muñiz O, Rubio-Marin P, et al. Coronary
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11. Haq IU, Haq I, Xu B. Artificial
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