La diabetes tipo 2 (DM2) representa un desafío de salud pública global. En 2022, afectaba a 830 millones de personas, con mayor prevalencia en países de bajos ingresos. (1) Esta enfermedad se vincula a un riesgo elevado de complicaciones cardiovasculares como enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular, fibrilación auricular, enfermedad vascular periférica y enfermedad renal crónica. En 2021, fue responsable directa de 1,6 millones de muertes, casi la mitad antes de los 70 años. (1)
El control intensivo de factores de riesgo clásicos -glucemia, presión arterial, colesterol LDL- ha demostrado reducir la mortalidad y eventos cardiovasculares. Sin embargo, persiste un riesgo residual, donde la hipertrigliceridemia se presenta como un marcador independiente. Niveles elevados de triglicéridos se asocian con mayor mortalidad en pacientes con enfermedad coronaria, lo que refuerza la necesidad de estrategias complementarias. (2)
En este contexto, el ensayo REDUCE-IT evidenció que el icosapento de etilo (IPE) reduce un 25 % los eventos cardiovasculares en pacientes con enfermedad aterosclerótica o DM2 con factores de riesgo, lo que motivó su inclusión en guías internacionales. (3,4)
El estudio publicado en la Revista Argentina de Cardiología, “Elegibilidad para icosapento de etilo en una población de mundo real de pacientes con diabetes tipo 2 en la República Argentina”, aporta evidencia local relevante. (5) Analizando datos del registro del Consejo de Cardiometabolismo de la Sociedad Argentina de Cardiología, los autores observaron que uno de cada cinco pacientes con DM2 cumpliría criterios para recibir IPE, con mayor proporción en prevención secundaria (22,8 %) que primaria (15,5 %). Este hallazgo subraya la importancia de identificar el riesgo residual en la práctica clínica y considerar intervenciones específicas para reducirlo.
Un dato llamativo es que solo el 25,9 % de los pacientes recibía fármacos hipoglucemiantes con beneficio cardiovascular demostrado, lo que evidencia una marcada inercia terapéutica. Este fenómeno, ampliamente documentado, retrasa la implementación de tratamientos eficaces y contribuye a un peor pronóstico en los pacientes. Las causas son múltiples y complejas: desde factores del profesional (falta de tiempo, desconocimiento, temor a efectos adversos), del paciente (baja adherencia, escasa percepción de riesgo), hasta barreras del sistema de salud (acceso y cobertura). Surge la necesidad de investigar las causas del subtratamiento en DM2 y otras patologías cardiovasculares, ya que la inercia terapéutica compromete la efectividad de las estrategias preventivas y se traduce en una evolución clínica desfavorable.
En conclusión, este trabajo no solo estima cuántos pacientes con DM2 en una población de Argentina serían candidatos a IPE, sino que también alerta sobre la necesidad de abordar activamente la inercia terapéutica y optimizar el uso de terapias con beneficio demostrado. Reconocer y tratar el riesgo residual es indispensable para que los avances en la evidencia científica se traduzcan en beneficios concretos para los pacientes.
Consideraciones éticas
No aplica
Declaración de conflicto de intereses
El autor declara no tener conflicto de intereses.
(Véase formulario de conflictos de interés del autor en la Web).
