ARTÍCULO DE OPINION
Aportes a la
comprensión de la problemática actual de la trilogía médico-paciente-tecnología
Contributions to the Understanding of the Current
Problems of the Doctor-Patient- Technology Trilogy
Jorge Trainini1,
MTSAC, Eduardo Hornos Barberis2, Ricardo Aranovich3
1 Investigador
principal de la Fundación Practicum, Instituto de
Investigación Aplicada a la Educación en Ciencias de la Salud (España)
2 Presidente
de la Fundación Practicum, Instituto de Investigación
Aplicada a la Educación en Ciencias de la Salud (España)
3 Ricardo Aranovich como Director del área de Psiquiatría y Educación
Médica de la Fundación Practicum, Instituto de
Investigación Aplicada a la Educación en Ciencias de la Salud (España)
Rev Argent Cardiol 2023;91:298-301.
http://dx.doi.org/10.7775/rac.es.v91.i4.20653
Recibido: 08/02/2023
Aceptado: 04/05/2023
INTRODUCCIÓN
La necesidad
actual de revalorar el acto clínico se vuelve imprescindible ante la crisis
humanística en la evolución del conocimiento, la cual no debe considerarse solo
una situación antropológica sino también epistemológica, al quedar aislada la
medicina de lo cognitivo del resto de las ciencias. Esta actualidad hace del
médico actual un ser desorientado; incluso ante un hecho tan esencial, como es
el acto clínico. (1)
El progreso que ha
experimentado la medicina en el último medio siglo puede compendiarse en dos
puntos referenciales: 1) el avance tecnológico puesto al servicio de los diagnósticos
y terapéuticas; 2) la colectivización de la asistencia médica. Sin embargo,
este desarrollo notable se llevó a cabo vulnerando el pilar del arte médico, la
relación médico-paciente. (2)
Evidentemente el
acto clínico actual debe ser articulado en una trilogía conformada por el
médico, el paciente y la tecnología. Esta última, herramienta fundamental en el
diagnóstico, debe entenderse complementaria de la relación médico-paciente, en
carácter de apoyo y no con perfiles excluyentes de los otros dos actores.
PLANTEAMIENTO
DEL TEMA
No hay nada tan
conmovedor como la visualización de un hombre enfermo. El daño moral que
infringe la enfermedad es igual o superior al físico. La angustia se agita en
sus entrañas. Este hombre oculta su mal como el último bastión ante lo
inexorable. Disfraza su enfermedad. Ante esta situación ¿cómo relativizar la
relación médico-paciente ante el auge de la tecnología y de los algoritmos en
medicina?
La relación de la
conciencia con la materia implica un rozamiento entre el médico y el sistema
orgánico-psíquico-social-ecológico que constituye un ser enfermo. En este
aspecto, una ciencia humanística como la medicina puede sacar rédito de las
ciencias complementarias, incluso necesita incorporar a la conciencia como
variable esencial de su estudio y arte. Aquí, en la medicina clínica, yace un
vacío que incluye su comprensión holística, el lenguaje ante el paciente, y la
metodología. (3,4)
Evidentemente la
observación científica de la fenomenología de la conciencia no tiene una
connotación definida sobre lo orgánico, sino que constituye un proceso
soslayado fundamentalmente por la dificultad de ser valorable desde lo
cuantitativo. Este concepto recrea la relación médico-enfermo. La medicina
positivista prevalente interfiere claramente en la relación de la conciencia
del médico (sujeto observador) frente a la integridad cuerpo-mente-espíritu (5)
que constituye un paciente (sujeto observado).(6-8)
Con una metodología clínica algorítmica no se tiene en cuenta la fenomenología
que implica la conciencia-médico ante la conciencia-paciente.(9)
En este punto, el desarrollo de la tecnología implica un acercamiento
imprescindible para el diagnóstico más certero y rápido, mientras no se
constituya en un divorcio entre el médico y su paciente al conferirle
propiedades superlativas.
Hay una brecha en
este punto que solo se solventa en el contacto con la integridad del paciente,
en que es dable construir el concepto clínico que se percibe, pero siempre
referido a la propia mente. No se puede excluir su singularidad. Esto acerca
una visión del acto clínico con aproximación al problema diagnóstico a
resolver.
Esta comunicación
entre paciente y médico se nutre de un conocimiento que no es absolutamente
consciente, sino que también tiene bases perceptivas. Cada ser tiene su
individualidad para responder frente a la enfermedad. El médico posee lo
cognitivo para entender los problemas del paciente. Y este instrumento necesita
tiempo y dedicación. Se complementa de algoritmos con que se intenta
desentrañar en la actualidad la patología, como asimismo de ubicar a la
tecnología en carácter de acción determinante. Esta estrategia puede ser un
punto de inicio, pero nunca una meta final. En medicina la suma de
conocimientos no reemplaza al criterio médico. Necesitamos estrategias que nos
ubiquen ante la singularidad del paciente con las herramientas necesarias y el
tiempo suficiente para actuar de acuerdo con una ética humana y médica.
DISCUSIÓN
La razón y la
lógica del progreso llevaron al desarrollo técnico. (10)
Ahora, en el acto clínico, el conocimiento del paciente y de su realidad ¿se ha
mantenido ante el avance de la técnica instrumental? Hay un desajuste en esta
evolución, debiéndose cambiar la meta, ya que en el acto clínico estamos ante
la alteración de la vida de una persona y no solamente frente a un desorden
orgánico. Aquí yace el conflicto de la medicina postmoderna, que, si bien
acercó facultades excelsas como la tecnificación instrumental y la asistencia
colectiva, se ha desarrollado trayendo dificultades:
1) La
tecnificación que alejó al paciente del médico.
2) El trabajo superespecializado, que, a pesar de su beneficio, soslaya
la unidad integral psico-orgánica que debe formar con
su enfermo.
3) Una
organización en que el médico ya no tiene un contrato directo con su paciente,
sino que está de por medio una empresa que determina tiempos, honorarios y
posibilidades, tanto para el médico como para el paciente. Con esta modalidad
ha perdido el médico su libertad de la relación ante la biografía del enfermo. (11)
En ciencias
médicas necesitamos incorporar a las herramientas cuantitativas de la
probabilidad, las respuestas a la enfermedad, por parte de la conciencia del
enfermo. Por lo tanto, el estudio de la estructura física de la corporeidad
debe interrelacionarse con la exploración de la conciencia en el
sujeto-paciente durante el acto médico.
El observador debe
trabajar con la inducción, lo intuitivo, la observación y la experiencia para
incorporar mediciones físico-corporales clínicas y biológicas a observaciones
menos sensibles a lo cuantitativo como son las respuestas de la conciencia. En
este punto la experiencia da un margen superior de acercamiento a la
singularidad del paciente, situación no factible con solo el examen físico y
tecnológico. (12)
En este punto se
necesita más que conocimiento técnico por parte del médico para valorar a su
paciente. Esta posición incluye condiciones que ayuden al proceso terapéutico
de la enfermedad, así como atributos en la respuesta del enfermo para
defenderse de lo mórbido (Tabla
1). De ello se deduce que en este acto de
la conciencia, entre médico y paciente debe haber: a) intencionalidad al
referirse al paciente y b) correspondencia que se debe dar entre médico y
paciente. Con la intencionalidad se constituye el objeto-paciente (en realidad
sujeto-paciente), quien también percibe, juzga y decide. Para esta percepción
se necesita observar desde distintas perspectivas. Esta intencionalidad es
intrínseca a la conciencia. (13,14)
Tabla 1.
Intersubjetividad médico-paciente. Aptitudes
|
Médico |
Paciente |
|
Observación |
Responsabilidad |
|
Percepción |
Comportamiento |
|
Epoché |
Temperamento |
|
Reducción fenomenológica |
Corporeidad |
|
Dialéctica |
Dialéctica |
Cuando incluimos el
concepto de epoché dentro de las
condiciones médicas estamos cancelando de manera provisoria no solo las
certezas y teorías que se ofrecen naturalmente. Se intenta evadirse del dogma
dominante ante la singularidad del paciente. Epoché
es la suspensión del juicio a priori. Esta actitud debe
complementarse con la reducción fenomenológica, que permite poner ante
nosotros la conciencia y sus vivencias. En el positivismo de la ciencia médica
hay una asunción dogmática y realista de carácter pro teorético. Esto dificulta
la búsqueda de una consideración diferente de esa realidad con los conceptos de
epoché y reducción fenomenológica. Esta
última intenta llegar a la subjetividad oculta del paciente, donde este “es”
independiente de su correlación maquillada por el mundo circundante. La
fenomenología que se produce es un conocimiento de la esencia. Hay aquí una
intuición. De pronto, esta intuición pasa de la sensibilidad al entendimiento,
al decir de Husserl: “… toda intuición que se da originariamente a sí misma es
fuente legítima de conocimiento, que todo lo que se nos presenta
originariamente en la intuición debe sencillamente ser aceptado tal como se da,
pero también solo dentro de los límites en que se da”. (14)
CONCLUSIONES
Este déficit de
articulación en la trilogía médico-tecnología-paciente obedece a una serie de
concausas que abarcan desde la fenomenología de la conciencia entre paciente y
médico, pasando por el déficit interpretativo de estos avances dentro de un
contexto clínico hasta situaciones económicas, sociales y políticas en la
práctica médica. Obviamente esta situación provoca diariamente fracturas en la
atención médico-paciente, a la que se agrega el factor de la tecnología que
debe ser interpretada en carácter de auxiliar de dicha relación y no como un
recurso excluyente.(15)
Y esto es de vital importancia, ya que esta relación pertenece a la conciencia
entre dos personas y al “factor humano” que podemos definir como el análisis de
los factores emocionales que impresionan a los sentidos, los que son causa o
contribuyentes en la comprensión de los procesos que llevan a la enfermedad
como asimismo a su flujo de curación en el hombre.
Hay seducción por
los estudios de laboratorio y de imágenes como si ellos por si solos pudieran
realizar el diagnóstico por ser infalibles. No se toma en cuenta que dichas
herramientas son operador-dependiente, que obedecen a algoritmos de las
máquinas y que son un instante de la complementariedad salud-enfermedad del
paciente. A tal extremo ha llegado esta situación que ha borrado la práctica
del acto clínico con sus postulados de observación, anamnesis y semiología, sin
tener en cuenta el “factor humano” ni el nivel de aleatoriedad posible de todo
conocimiento.
Esto lleva a una
polaridad: ¿clínica o tecnología?, que provoca un mayor divorcio entre la
integridad psico-físico-social del paciente con el
acto de cuidar que debe ejercer el médico. En este escenario desaparece la
singularidad de cada ser al pasar a ser copias de un mecanismo fisiopatológico
con exclusión de la individualidad, olvidando al aforismo hipocrático “hay
enfermedades, pero solo en enfermos”.
En realidad, no
tendría que haber dilema alguno. La ayuda que prestan las herramientas tecnológicas
es beneficiosa al acto clínico. En este punto es necesario que el médico sepa
indagar en los procedimientos auxiliares para lograr la complementariedad
diagnóstica que ofrece la semiología. La tecnología no es un ente aislado en la
interpretación de elementos que se suman al acto clínico; de hecho, no puede
decidir por sí misma. Esto tampoco conduce a una formación médica adecuada. No
debe haber abuso tecnológico en la prosecución de un diagnóstico. Esto no
conduce a mejorar ni reemplaza al acto clínico. Mas si no se interpretan
debidamente, estos estudios pueden conducir a errores. Un valor excesivo dado a
los procedimientos auxiliares puede llevar al error clínico y dejar de lado el
“factor humano”, pilar en la práctica médica.
La no observancia
de la necesidad del acto clínico y la interpretación inadecuada en los
mecanismos auxiliares implica que el error se inicia en el médico. El análisis
y la síntesis del acto clínico no siempre se valoran como fundamentales, no
solamente por falta de formación, criterio o paciencia, sino también por el
tiempo escaso que se otorga en la actualidad de la colectivización médica a la
atención de cada paciente. El acto clínico en su desarrollo semiológico no está
vedado a la inteligencia del facultativo, ya que este no necesita de ningún
atributo esencial ni exige virtudes excepcionales. A veces el error sucede, más
allá de hacer lo correcto para evitarlo, seguramente porque la información que
proporciona el acto clínico ha sido escasa o de difícil interpretación.
El riesgo es optar
por el camino más sencillo de la tecnología, de menor esfuerzo y quizás
evitando la “angustia diagnóstica” por parte del médico ante la necesidad de
llegar al mismo. La clínica es esforzada, sorpresiva, un camino de estudio e
interpretación de lo que se ve, escucha y explora en el enfermo, ante la
eventualidad de que una imagen o unas cifras numéricas del laboratorio sean la
magia que todo lo puede. La tecnología debe ser accesoria en el acto clínico,
ante ella el médico debe tener en cuenta preguntas fundamentales: ¿y el factor
humano? ¿la mente y el espíritu? La clínica necesita experiencia. A veces es
esquiva, se necesita “reinterrogar a los signos”, una
y otra vez. Cuando dejamos de lado al acto clínico solo interpretamos la
“realidad de la máquina”, no la del paciente.
¿De dónde se
suscita que la anamnesis, la observación y las maniobras semiológicas se
volvieron triviales ante las máquinas? ¿De una falta de formación médica
técnica y antropológica, de la comodidad ante el esfuerzo, de la necesidad de
un número de pacientes en un tiempo acotado?
Esta posición
sustentada en los párrafos previos está lejos de soslayar la importancia de los
medios tecnológicos en los pacientes, solo persigue incorporarlos dentro del
marco de la relación y del juicio clínico indispensables en una ciencia
humanística. De esta manera estaremos armonizando el avance tecnológico con la
ciencia médica en un acto profundamente humano como tiene el médico ante un
hombre enfermo. Le toca al médico, casi una pieza arqueológica denominado “de
cabecera”, interpretar los estudios en relación con su paciente y no quedar
hechizado de los números que le ofrece la tecnología. Ella ha perfeccionado
estas interpretaciones, pero sus equivocaciones pueden ser fatales ante la ausencia
del acto clínico.
En última
instancia se trata con la medicina antropológica de no incluir al paciente
dentro de un algoritmo, sino construir un algoritmo en cada paciente.
Declaración de conflicto de intereses
Los
autores declaran que no tienen conflicto de intereses
(Véanse
formularios de conflicto de intereses de los autores en la web).
https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/
©Revista
Argentina de Cardiología
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