http://dx.doi.org/10.7775/rac.es.v91.i1.20593
EDITORIAL
Premio Fundación Dr.
Pedro Cossio 2022
2022 Dr. Pedro Cossio Foundation Award
Jorge Lerman MTSAC
Presidente del Jurado
Ver artículo relacionado Rev Argent Cardiol 2023;91:6-19. http://dx.doi.org/10.7775/rac.es.v91.i1.20605
¡Todo
volvió a la tan ansiada normalidad!
Si
bien es cierto que los prodigios de la tecnología permitieron que durante dos
años nuestros congresos se pudieran llevar a cabo con todo éxito de manera
virtual, finalmente el 48° Congreso Argentino de Cardiología pudo ser
disfrutado entre el 20 y el 22 de octubre de 2022 con todos nuestros sentidos y
de manera presencial.
El
Comité Científico del Congreso seleccionó 4 trabajos como candidatos a obtener
el Premio Cossio correspondiente a este año y resultó ganador el siguiente
trabajo:
Efecto
de la vacunación contra la influenza en pacientes con enfermedad
cardiovascular: Un metaanálisis actualizado de ensayos clínicos controlados
aleatorizados. Autores: Lucrecia M. Burgos, Ezequiel J. Zaidel, Álvaro Sosa
Liprandi, Adrián Baranchuk.
La
influenza es una enfermedad viral aguda que predomina en otoño – invierno, y
que, según estimaciones del Center for Disease Control de los EE.UU.
afecta en cada temporada a 3 al 11% de la población, dependiendo de la edad,
las comorbilidades y la condición socio -cultural-económica de los grupos
poblacionales. (1)
Si bien estas proporciones son estimativas, no cabe ninguna duda de que
representan un serio problema de salud pública. Los pacientes cardiovasculares
son uno de los grupos más vulnerables para ser afectados en lo que se refiere a
la incidencia de complicaciones o mortalidad. Se han identificado varios tipos
y sub tipos de virus de influenza, pero uno de los más comunes es el de
influenza tipo A (gripe A) H1N1 según la codificación de las proteínas
presentes en su superficie (H = hemaglutinina, N = neuraminidasa).
Durante
los siglos XX y XXI se produjeron varias epidemias y pandemias de influenza en
el planeta, pero una de las más recientes y resonantes fue la de los años
2009-2010. Afectó a los 5 continentes y se calcula que hubo más de 1 600 000
afectados y más de 19 000 fallecimientos registrados durante los primeros 12
meses. (2)
Ya en 2004 el recordado Enrique Gurfinkel y sus colaboradores habían demostrado
en un trabajo pionero, una muy significativa reducción de muerte cardiovascular
y eventos coronarios en pacientes coronarios agudos que recibieron vacuna anti
influenza (VAI) comparados en forma aleatoria con un grupo control luego de un
seguimiento de 1 año. (3)
Pero a partir de la mencionada pandemia, la Organización Mundial de la Salud y
las principales sociedades cardiológicas de EE.UU y Europa recomiendan la
vacunación anual contra la influenza en pacientes con enfermedad
cardiovascular, por la mencionada vulnerabilidad, y porque se logran beneficios
contundentes. La más reciente recomendación fue publicada en 2021 por la
Sociedad Interamericana de Cardiología a través de los autores del trabajo que
estamos comentando. (4)
La pandemia de 2009-2010 motivó una concientización universal acerca de la
utilidad de la VAI con campañas sanitarias y gubernamentales para generalizar
su aplicación en los grupos de riesgo, pero aun no se alcanzaron los objetivos
ideales, particularmente en los grupos poblacionales carenciados. (5)
Profesionales
del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires, del Sanatorio Güemes y del
Kingston Health Science Center de Ontario, Canadá, llevaron a cabo una
meticulosa búsqueda sistemática de todos los trabajos publicados en Pubmed,
biblioteca Cochrane y Registros de Ensayos Clínicos en relación con la VAI en
pacientes con insuficiencia cardíaca (IC) o enfermedad cardiovascular (EC). (6) También
revisaron manualmente la lista de referencias de todas las publicaciones y
presentaciones recientes en congresos cardiovasculares internacionales mediante
la referencia de las palabras clave relacionadas con este tema, para asegurar
la captura completa de los artículos relevantes. Esta minuciosa búsqueda
identificó inicialmente un total de 957 estudios. Se eliminaron las
duplicaciones, se evaluó el riesgo de sesgo y se cuantificó la existencia de
heterogeneidad en los diferentes trabajos. De esa extensa lista seleccionaron
aquellos ensayos clínicos aleatorizados que compararon los resultados de la VAI
versus placebo o versus ninguna intervención, en pacientes con IC o EC, y
aplicaron estrictos criterios de inclusión y exclusión. Cumplieron los
sucesivos pasos del diagrama de flujo del protocolo PRISMA para analizar
revisiones sistemáticas y finalmente seleccionaron 6 ensayos que totalizaron
9316 pacientes para el análisis definitivo. El punto final primario fue
mortalidad por todas las causas (MTC) y los puntos finales secundarios fueron
mortalidad cardiovascular (MC), infarto de miocardio (IM) y eventos adversos
cardiovasculares mayores (MACE) entre los pacientes que estaban vacunados y los
que no lo estaban. Luego de un seguimiento promedio de 16 ± 9,7 meses, la VAI
se asoció con una reducción de la MTC del 33% en comparación con el control: RR
0,67 (IC 95%: 0,47 a 0,95) (p = 0,03). También redujo la MC en un 36% (p =
0,02), MACE en un 31% (p = 0,007) y una tendencia no significativa de la
reducción del IM del 18%.
Este
trabajo tiene el enorme mérito de la rigurosidad de la metodología empleada.
Fue una búsqueda amplia y minuciosa de toda la información disponible, que se
sometió a un detallado proceso de inclusión y exclusión siguiendo un protocolo
preestablecido, mediante el cual se concluyó con el análisis de 6
publicaciones. Es el metaanálisis más completo y actualizado existente, dado
que también incluyó dos trabajos publicados en el último año. A pesar de las contundentes
evidencias disponibles, la tasa de vacunación antigripal en pacientes
cardiovasculares está lejos de ser la ideal. Un estudio multicéntrico demostró
una amplia variabilidad en la prescripción (o aceptación) en pacientes con
insuficiencia cardíaca: entre el 70 y el 80% en Europa, 52% en Norteamérica y
2,6% en Asia. (7)
En nuestro medio también existe una marcada subutilización: 46% según un
estudio realizado en un centro de alta complejidad. (8) Diversas barreras pueden estar relacionadas
con este comportamiento: entre otros la falta de convicción por parte de los
médicos, los mitos y creencias por parte de los pacientes, las limitaciones
económicas o la falta de provisión por los sistemas de cobertura médica
estatales o privados. Los resultados mostrados en el presente trabajo deben
representar un estímulo para que los médicos de atención primaria, clínicos y
cardiólogos amplíen la indicación de la vacunación antigripal a los pacientes
cardiovasculares y a los demás grupos de alto riesgo.
Los
demás trabajos candidatos a obtener el Premio Cossío fueron:
Clasificación
del shock cardiogénico SCAI para predecir la mortalidad hospitalaria y a largo
plazo en la insuficiencia cardíaca aguda. Autores: Lucrecia M. Burgos, Rocío
Baro Vila, Franco Ballari, Ana Spaccavento, Bianca M. Ricciardi, María L.
Talavera, Fernando Botto, Mirta Diez
El
shock cardiogénico (SC) es una de las situaciones más dramáticas que enfrenta
el personal de una sala de emergencia, de terapia intensiva o de una unidad
coronaria. A pesar de la cantidad de recursos farmacológicos e instrumentales
de alta eficiencia que se incorporaron en las últimas décadas, la mortalidad
sigue siendo muy elevada. Por otra parte, es reconocida la heterogeneidad que
presentan los pacientes con SC que asisten al hospital en diferentes estadios
de la enfermedad. Ellos abarcan un amplio espectro de trastornos hemodinámicos
que van desde la hipoperfusión aislada que revierte con las terapias iniciales,
hasta el shock refractario con falla multiorgánica y colapso hemodinámico. Esto
implica la selección de diferentes modalidades de tratamiento, desde
farmacológicas a invasivas de alta complejidad, que impactarán directamente en
los resultados clínicos y el pronóstico. Reconociendo la mencionada
heterogeneidad de los grupos de pacientes con SC, recientemente un grupo
multidisciplinario liderado por la Society for Cardiovascular Angiography
and Interventions (SCAI) diseñó un esquema de clasificación para SC, con
base clínica adecuada para una evaluación rápida al lado de la cama del
paciente. El propósito fue aportar una herramienta simple y pragmática para ser
utilizada sin demora en la práctica clínica en este grupo de pacientes. (9) Dicha clasificación
considera cinco estadios, fue ampliamente validada en múltiples publicaciones y
aplicada en la práctica. Como resumen de la misma, el estadio A (“At risk”)
incluye pacientes sin signos o síntomas de SC, pero que están en riesgo de
desarrollarlo, por ejemplo, aquellos con infarto agudo de miocardio grande,
infarto agudo previo y/o síntomas de insuficiencia cardíaca. El estadio B (“Beginning”),
pacientes que tienen evidencia clínica de hipotensión o taquicardia, pero sin
hipoperfusión. El estadio C (“Classic”), pacientes con hipoperfusión que
requieren un conjunto inicial de intervenciones (inotrópicos, vasopresores,
soporte mecánico u oxigenación por membrana extracorpórea, ECMO). El estadio D
(“Deteriorating”), pacientes que no han logrado estabilizarse a pesar de
los intensos esfuerzos iniciales y que requieren una mayor escalada. El estadio
E (“Extremis”), pacientes con colapso circulatorio, frecuentemente en
paro cardíaco refractario con reanimación cardiopulmonar en curso o que están
siendo apoyados por múltiples intervenciones agudas simultáneas, incluida ECMO.
Este
análisis retrospectivo de cohorte realizado en el Instituto Cardiovascular de
Buenos Aires tuvo como objetivo validar el esquema SCAI en insuficiencia
cardíaca aguda (ICA) y establecer su pronóstico intrahospitalario y a largo
plazo. Se incluyeron 856 pacientes consecutivos con ICA que se internaron entre
2015 y 2020. La edad media fue 74,7 ± 13 años y el 63,7% eran varones. La causa
más frecuente fue la enfermedad coronaria (35,6%), seguida por la enfermedad
valvular (27,5%). La fracción de eyección ventricular izquierda (FEVI) mediana
fue 42% (29-58), y el 45,7% tenían FEVI <40%. La proporción de pacientes con
shock, en estadios de SCAI A a E, fue del 39,8%, 39,4%, 14,1%, 4,1% y 2,6%,
respectivamente. Los pacientes en estadios más graves eran más jóvenes,
presentaban FEVI reducida más frecuentemente, se encontraban en clase funcional
III-IV, y habían tenido hospitalizaciones previas por ICA. Hubo un aumento
gradual en la mortalidad hospitalaria con cada etapa de SCAI: A 0,6%, B 2,7%, C
21,5 %, D 54,3% y E 90,6% (Log Rank p <0,0001). Luego de un seguimiento de
16,8 meses la mortalidad fue: A 24,9%, B 24 %, C 49,6%, D 62,9% y E 95,5% (Log
Rank p <0,0001). Después del ajuste multivariado, cada etapa de shock SCAI
permaneció asociada con una mayor mortalidad (todos p <0,001 en comparación
con la etapa A). Pero no hubo diferencias entre el estadio A y B para la
mortalidad ajustada (p = 0,1).
Este
trabajo contribuye con dos aportes importantes: la aplicabilidad del esquema
SCAI en ICA y su pronóstico alejado. Su limitación es que fue realizado en un
centro de alta complejidad y por lo tanto es difícil reproducir estos
resultados en hospitales carentes de recursos de avanzada. Es indudable que
pacientes con SC o ICA en los estadios graves del esquema SCAI deberían ser
trasladados a corto plazo a centros de atención terciaria con un servicio de
cateterismo cardíaco las 24 horas del día, los 7 días de la semana, y una
unidad coronaria especializada con asistencia circulatoria mecánica. Por
supuesto que dicho traslado estará condicionado por las posibilidades que
presente la situación del paciente y de los recursos disponibles para su transporte.
Una posible razón que explicaría la paradoja de la menor edad de los casos en
los estadios D y E que se observó en el trabajo que comentamos, es que en la
selección de pacientes candidatos a ser derivados a un centro de referencia con
capacidad de asistencia circulatoria mecánica y trasplante, ellos suelen ser
más jóvenes y sin comorbilidades.
Presencia
de ateromatosis subclínica antes de los 45 años de edad. Análisis de un estudio
de cohorte en Argentina. Autores: Gustavo A. Giunta, Lorena Helman, Pablo D.
Cutine, Maria Florencia Aguiló, Daniel Antokoletz, Daniel Pirola, Maria Isabel
Rodriguez Acuña, Laura Brandani
El
examen ultrasónico del árbol vascular (arrieras carótidas, aorta, ilíacas o
femorales) resulta una herramienta muy valiosa para diagnosticar
ateroesclerosis (ATS) subclínica. Es particularmente útil para reclasificar
apropiadamente a personas con riesgo cardiovascular intermedio, y así lo
sugieren las principales guías de prevención cardiovascular como recomendación
IIb y nivel de evidencia B. (10)
El ultrasonido vascular tiene gran ventaja con respecto a otro de los métodos
propuestos (la medición del calcio coronario) por su practicidad, versatilidad,
tecnología menos sofisticada y menor costo.
En
este estudio transversal de la Fundación Favaloro se analizaron 1788 pacientes
entre 18 y 45 años que concurrieron espontáneamente a un programa de prevención
cardiovascular entre enero de 2017 y diciembre de 2018. La edad promedio fue
30,1 ± 8,6 años, y 49,3% eran mujeres. Se excluyeron los casos con antecedentes
clínicos cardiovasculares coronarios, cerebrovasculares o periféricos. Se
definió ATS como la presencia de placas ateromatosas evaluadas con ultrasonografía
a nivel del árbol carotídeo. Dichas placas se definieron como una protrusión
focal hacia la luz arterial de un grosor mayor a 0,5 mm, por un incremento de
más del 50% del espesor íntima-media (EIM) adyacente o por un aumento difuso
del EIM >1,5 mm medido entre la media-adventicia e íntima-lumen. Su
presencia fue considerada como variable binaria: ausencia (No) y presencia
(Sí). Se detectó ATS en el 3,1% de los casos. Fue más prevalente en varones y
como era predecible, su presencia se asoció con la edad (< 30 años = 0,6%;
30 a < 40 años = 1,8 % y ≥40 años = 11,7 %), hipertensión arterial (9% vs
3%, p <0,01), colesterol total (1(212,9 ± 38,4 mg/dL vs. 182,5 ± 35,8 mg/dL,
p <0,0001) y triglicéridos ((150 ± 92 mg/dL vs. 105,3 ± 65,3 mg/dL,
p<0,0001). El colesterol HDL fue menor para los pacientes con ATS (49,2 ±
11mg/dL vs. 54,7 ± 13,6 mg/dL, p <0,0001) y el uso de estatinas fue mayor en
los que tenían ATS (3,6% vs 0,7%, p <0,05). Los pacientes con ATS tuvieron
un aumento no significativo en la presencia de síndrome metabólico (20% vs. 10%;
p = NS), pero la prevalencia de ATS estuvo vinculada al incremento en la
cantidad de componentes presentes (p<0,005). El puntaje de Framingham mostró
mayor proporción de pacientes en moderado y alto riesgo entre los portadores
con ATS, pero el 83,6% de los sujetos con ATS pertenecían al bajo riesgo y el
10,9% al moderado riesgo. Cuando se calculó la edad vascular entre los mayores
de 40 años se observó un incremento de 4,8 años en ausencia de ATS, y de 7,7
años cuando estaba presente (p <0,005).
En
nuestro medio no abundan estudios que nos señalen que, en adultos jóvenes y
aparentemente sanos desde el punto de vista cardiovascular, las lesiones
ateroescleróticas pueden estar presentes, sobre todo cuando existen factores de
riesgo, aunque infrecuentemente. Este trabajo refleja esta situación,
demuestra su incremento exponencial en función de la edad y su asociación con
los factores de riesgo cardiovascular. La enfermedad vascular aterosclerótica y
sus consecuencias clínicas se generan por la interacción de la concentración
plasmática del colesterol LDL en presencia de estado infamatorio, pero
esencialmente en función del tiempo durante el cual el endotelio estuvo
expuesto al efecto deletéreo del colesterol LDL. En consecuencia, es importante
detectar tempranamente la existencia de hipercolesterolemia y de lesiones
vasculares precoces, con el propósito de abortar el daño que se produciría a
mediano o largo plazo. En el caso de este trabajo, debe tenerse presente que
sus conclusiones se aplican a una población altamente seleccionada, compuesta
por individuos que concurrieron voluntariamente a un programa de prevención
para conocer su estado de salud. De modo que no pueden ser extrapoladas
directamente a la comunidad general. Por otra parte, se exploró sólo el territorio
carotídeo, excluyendo los territorios iliofemoral y aórtico. Recientemente se
demostró el incremento del valor diagnóstico y predictivo al explorar múltiples
territorios vasculares mediante ultrasonido o tomografía computada. (11)
La
prueba cardiovascular de ejercicio contribuye a determinar el riesgo con
precisión en pacientes con hipertensión pulmonar de bajo riesgo. Autores:
Ignacio Martín Bluro, Leandro Barbagelata, María Lorena Coronel, Luciano
Melatini, Graciela Svetliza, Norberto Vulcano, Andrés Nicolás Atamañuk, Walter
Mauricio Masson Juarez
La
hipertensión pulmonar se define como una presión arterial pulmonar media de 20
a 25 mmHg o más (según diferentes criterios). Es una condición provocada por
múltiples etiologías e integrada por grupos de diversa gravedad y pronóstico. (12) Según su
gravedad los pacientes se suelen clasificar en 3 grupos de riesgo: bajo (<5%
de riesgo estimado de mortalidad a 1 año), intermedio (5-10% de riesgo estimado
de mortalidad a 1 año) y alto riesgo (>10% de riesgo estimado de mortalidad
a 1 año). Para delimitar dichos grupos se recomienda utilizar las siguientes
variables: 1) la capacidad funcional (CF) de la organización mundial de la
salud (OMS), 2) la prueba de caminata de seis minutos (PC6M) y 3) la medición
del consumo de oxígeno (VO2)
mediante una prueba cardiopulmonar de ejercicio (PCPE). (13)
Investigadores
del Hospital Italiano de Buenos Aires, el Instituto de Cardiología de Corrientes,
el Instituto de Neumonología del Sur de Bahía Blanca y el Hospital Juan A.
Fernández de Buenos Aires llevaron a cabo un estudio transversal multicéntrico
en el que participaron 18 pacientes mayores de 18 años con hipertensión
arterial pulmonar (HAP). Dieciséis (89%) fueron mujeres, la mediana de edad fue
43,5 años y la mediana de tiempo desde el diagnóstico a la evaluación fue de
4,7 años. En la mitad de los casos (n=9) la etiología de la HAP fue
considerada idiopática, en 6 casos asociada a enfermedad del tejido conectivo,
en 2 casos secundaria a virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y en 1 caso
a hipertensión porto-pulmonar. Como criterio de inclusión, debían encontrarse
en un estrato de bajo riesgo según el método de evaluación de riesgo simplificado
del registro francés: 1) capacidad funcional (CF) I-II, 2) NT-proBNP <300
pg./mL y 3) marcha de 6 minutos > 440 metros. (14) Dos pacientes (11%) recibían una
droga vasodilatadora, 12 (67%) recibían 2 drogas y 4 (22%) recibían 3 drogas.
Todos efectuaron PCPE en cinta deslizante siguiendo el protocolo de Bruce o
Bruce modificado, y se analizó el intercambio de gases respiratorio en forma
continua. Las variables registradas incluyeron frecuencia cardíaca, presión
arterial, saturación periférica de oxígeno (SaO2), consumo de oxígeno (VO2),
tasa de producción de dióxido de carbono (VCO2) y ventilación por
minuto (VE). Se utilizó como indicador de ejercicio máximo al cociente
respiratorio (CR) o la relación de intercambio respiratorio (VCO2/VO2). Un CR > 1,1 se
consideró como un esfuerzo máximo. El VO2 pico se definió como el VO2 promedio
durante el último minuto del ejercicio y se expresó en ml/min/kg. También se
informó como porcentaje del valor predicho (de acuerdo con tablas preespecificadas
que consideran el sexo, la edad y la superficie corporal). La CF se definió
como normal cuando el VO2 como
porcentaje del VO2 predicho fue
mayor o igual al 85%. Las tres variables consideradas en la evaluación de
riesgo fueron: el VO2
pico, el porcentaje respecto del VO2 predicho, y la pendiente
VE/VCO2.
Se determinó qué proporción de pacientes presentaban estos parámetros alterados
(VO2 pico ≤15
ml/min/kg, porcentaje del VO2 predicho
≤65%, y pendiente VE/VCO2 ≥36). A
pesar de que al ingreso al estudio todos los pacientes fueron considerados de
bajo riesgo, el VO2 pico fue
menor al 85% del predicho en su totalidad. Solo una paciente (6%) no presentó
ninguna de las 3 variables de alto riesgo, 8 (44%) presentaron una variable, 7
(39%) presentaron 2 variables y 2 (11%) presentaron las 3. De modo que el 94%
de los pacientes con HAP considerados a priori de bajo riesgo, presentan algún
factor de alto riesgo cuando se los analizaron con PCPE. Un mensaje a
considerar con estos resultados es la mayor exactitud presentada por una
técnica objetiva, mensurable y reproducible como la PCPE en lugar de
estimaciones subjetivas de la CF. Por otra parte, la PCPE sería una herramienta
potencialmente útil para identificar “el alto riesgo del bajo riesgo”. En otras
palabras, para establecer el “bajo riesgo absoluto”. Sin embargo, estas
conclusiones deben considerarse preliminares debido al bajo número de pacientes
incluidos y la heterogeneidad de la muestra. Por último, estudios más extensos
y con un seguimiento alejado deberán establecer el pronóstico y la sobrevida de
los pacientes estudiados mediante el presente protocolo, con el objeto de
confirmar su utilidad clínica.
Completaron
el Jurado del Premio Fundación Dr. Pedro Cossio 2022 los expresidentes de la
Sociedad Argentina de Cardiología, Dres. Carlos Barrero y Carlos Tajer, a
quienes agradezco su participación capacitada y responsable.
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