http://dx.doi.org/10.7775/rac.es.v91.i1.20599
ARTÍCULO
ESPECIAL
Las dimensiones de la verdad en la consulta
cardiológica
Dimensions
of Truth in Cardiology Consultation
Carlos Daniel Tajer1,
MTSAC, FACC, FESC
1 Hospital El Cruce Dr. Néstor Kirchner. Provincia de
Buenos Aires.
Dirección para separatas: E-mail: ctajer@gmail.com
Recibido: 17/11/2022
Aceptado: 11/01/2023
La práctica clínica de la consulta
requiere una interpretación de los padecimientos que son relatados por los
pacientes, su caracterización diagnóstica, eventuales indicaciones terapéuticas
y una explicación sobre lo que cabe esperar y lo que convendría hacer. Mi
intención es proponer una reflexión sobre las dimensiones de la verdad en cada
uno de estos pasos de la consulta, en qué medida cada uno de ellos son guiados
con un respaldo científico sólido que legitima nuestra práctica.1
¿En qué medida podemos aproximarnos a la
verdad sobre el sufrimiento real de los pacientes? Relato un caso. Una paciente
de 83 años, que atiendo hace muchos años por una hipertensión arterial de fácil
control, me refirió múltiples síntomas recientes: disnea de esfuerzo,
palpitaciones nocturnas y suspiros frecuentes.
- ¿Tengo el corazón grande? A mi edad
hay muchas personas que tienen el corazón grande. Con mi edad y todos lo
que me ocurre me parece que algo me va a pasar, me queda poca vida.
Por una frase de su esposo presente en la
consulta, dejó entrever que él padece problemas cognitivos, un Alzheimer
inicial.
La revisé, descarté inicialmente problemas
cardiológicos que explicaran sus síntomas, y me animé a decir:
- No soy psicoanalista, pero me parece
que todos estos comentarios sobre el corazón grande, sobre las arritmias, los
suspiros, el temor a la muerte, quizá esconden el deseo de enfermarse y no
tener que padecer lo que usted ve como un futuro de pesadilla.
- No crea que no lo pensé, doctor.
El temor a la muerte es una referencia
frecuente en consultas de cardiología. El libro Mirar al sol de Irvin Yalom, (1) un psicoterapeuta
con experiencia en pacientes terminales, propone esta metáfora sobre pensar en
la muerte: se puede mirar al sol por breves instantes, pero sostener la mirada
quema los ojos. La principal conclusión del libro es que este temor indica una
falta de perspectiva de desarrollos personales, un escenario en el que resulta
difícil imaginar contextos placenteros futuros, como se reflejó en esta
paciente.
Este es un primer plano de la verdad, la
relación entre el síntoma y una eventual enfermedad que debe ser distinguida de
lo que podríamos llamar malestares de la vida, síntomas que nos informan de
momentos particulares emocionales. Una tarea muy ardua del consultorio
cardiológico, tanto en personas sanas como en pacientes con patologías
conocidas. Así, un paciente operado del corazón puede también consultar por dolores,
palpitaciones o disnea, y debemos explorar qué es lo verdaderamente ocurre en
su vida.
Sobre
la enfermedad que puedo diagnosticar
Este terreno es más cercano a la “verdad
científica”, con la ayuda de los métodos de diagnóstico, una parte relevante de
la ciencia cardiológica. Conocemos su sensibilidad, especificidad y valor
predictivo, y los aplicamos cotidianamente. En la Figura 1 ejemplificamos un
método excelente, con 90% de sensibilidad y especificidad, aplicado en un
chequeo a una persona asintomática (1% de prevalencia). Cuando resulta positivo
la mayoría de las personas están sanas, son falsos positivos.
FP:
Falso positivo; VP: Verdadero positivo

FP:
Falso positivo; VP: Verdadero positivo
Fig. 1. 1a. En una población de 1000 personas
con baja prevalencia de enfermedad, 1%, un método con sensibilidad y
especificidad del 90%, cuando es positivo resulta en una tasa de 8% de
positivos verdaderos y 92% positivos falsos. 1b. El mismo método aplicado a una
población de 1000 personas con prevalencia de enfermedad del 40%, cuando es
positivo lleva la tasa de positivos verdaderos a 86% y la de positivos falsos a
14%.
En esto radica la capacidad clínica en la
escucha y definición de los síntomas y el riesgo, para detectar candidatos a
estudios en que estos rindan el mejor beneficio, y en la habitual inutilidad de
los chequeos indiscriminados aplicados a personas sanas. Cuando partimos de una
probabilidad sospechada del 40% con el mismo método la mayoría de los positivos
son verdaderos y los positivos falsos se reducen mucho.
Tabla. Dimensiones y preguntas sobre la verdad
en el consultorio

Esta selección es central, implica
aproximarse a la enfermedad a través del síntoma y el contexto epidemiológico.
La complejidad es aún mayor; la enfermedad no siempre justifica el síntoma:
pacientes con enfermedad coronaria tienen dolores de pecho por cualquier otra
causa. O un anciano con estenosis aortica que se agita al subir la escalera,
pero quizás por falta de ejercicio la disnea no se relaciona con la enfermedad,
con las graves implicaciones que tiene la sintomatología que podría llevarlo a
una indicación quirúrgica.
Como resumen, estas dos primeras
reflexiones sobre los diagnósticos verdaderos y el nivel de verdad que podemos
alcanzar a través de la escucha atenta y los métodos diagnósticos, nos muestran
una tarea muy compleja, que requiere distinguir los malestares de la vida de un
síntoma grave, donde un error puede ser catastrófico. Es posiblemente el rol
más relevante de la experiencia clínica.
Sobre
los beneficios que ejercerán mis tratamientos o recomendaciones
Para decidir los tratamientos en
diferentes contextos clínicos contamos con datos científicos sólidos, el
poderoso arsenal de la medicina basada en evidencias. Los ensayos clínicos de
grandes dimensiones son en muchos escenarios pruebas científicas indudables que
nos llevan a un plano más cómodo que abordamos con confianza. Como se explica
en la Figura
2,
con el mismo grado de convicción de Tulp en la
mecánica y relojería del cuerpo, confiamos en la aproximación probabilística y
el nivel de p significativo para la evaluación de terapéuticas. (2)
Fig. 2. El cuadro de Rembrandt, La lección de
anatomía del Doctor Tulp. El Dr. Tulp
tracciona un tendón del brazo con la pinza y con su
la mano izquierda mueve el dedo. El mensaje es claro: comprendo la mecánica del
cuerpo humano, sé que tirando de este tendón se va a mover este dedo. Le
agregamos nuestra nueva convicción en el nivel de p
Tomaremos como ejemplo el estudio EMPEROR-Preserved (3) (Figura
3)
que redujo 21% el evento combinado, con una p muy significativa. Este hallazgo
nos garantiza que la empaglifozina es mejor que el
placebo, y si la indicamos nos sentimos confiados. ¿Cómo interpretamos esta
información para la decisión en el paciente individual? En primera instancia el
beneficio en un estudio de grandes dimensiones se reflejará en las guías como
una indicación con recomendación I, por lo que partimos de una convicción
fuerte de su utilidad.
Fig. 3. Estudio EMPEROR. Empaglifozina
en la Insuficiencia cardíaca con función sistólica preservada. Se observa una
reducción de la incidencia acumulada de eventos mayores con una p muy
significativa. La incidencia del evento fue 13,8% vs 17,1% a favor del fármaco.
La medicina basada en evidencias ha tenido
una gran importancia en la vida profesional de un cardiólogo de mi edad. En mis
primeros años de residencia, luego de un cuadro de infarto no complicado, un
paciente egresaba con recomendaciones de reposo y dieta, sin ningún tratamiento
adicional. Hoy lo hace con por lo menos cuatro medicaciones que reducen la
mortalidad en un 80% y prolongan la vida muchos años, (4) y esta mejora en
la evolución la percibimos claramente en nuestros pacientes.
Pero aun con esta fortaleza sobre la
evidencia, el problema es la dimensión de la verdad para aplicarlo en un
paciente individual.
El ensayo de empaglifozina
bajó la incidencia del evento principal de 17,1 a 13,8%, una reducción absoluta
de 3,3% en comparación con el placebo, una reducción muy significativa
estadísticamente. ¿Qué significa esta reducción en términos de lo que hoy
llamamos medicina de poblaciones? Si nos consultaran 100 personas con esta
enfermedad 17 cursarían con internaciones o muerte cardiovascular en los
próximos 26 meses, y cuando aplicamos empaglifozina
reducimos este riesgo a 14.
Queda claro que 97 de esos 100 pacientes
que nos consultaron no modificarán su evolución con el tratamiento. A 83
pacientes no les ocurrirá ninguna complicación, 14 se complicarán a pesar del
tratamiento y a 3 les cambiamos la evolución. (Figura 4)
Fig. 4. Esquema conceptual del impacto de la
medicina de poblaciones. A la izquierda en el grupo placebo se representan 100
pacientes, 83 con casilleros azules que no cursarán con internación o muerte
cardiovascular, y 17 con casilleros rojos, que tendrán este evento combinado. A
la derecha se observan con casilleros amarillos los tres pacientes que
modificaron su evolución con empaglifozina, y
evitaron el evento.
¿Eso nos da autoridad para decir que a
todo paciente con este mismo problema debemos indicarle empagliflozina?
¿Es esto cierto? El libro Handbook of the philosophy of medicine, (5) dedica un jugoso
capítulo a la medicina basada en la evidencia. Tomaré sólo la crítica
epistemológica, sobre la validez de nuestra demostración de la verdad y su
aplicación al paciente individual.
¿Los ensayos clínicos sobre los que se
fundamenta la medicina basada prueban la causalidad? Creemos que sí, sin duda.
Es decir, si nosotros evaluamos un tratamiento comparativo en dos grupos, y los
dos grupos son iguales salvo el tratamiento y este se asocia a menor
mortalidad, ese efecto es causal.
Un primer reparo que se plantea es que la
causalidad no prueba un mecanismo. Sabemos que la aspirina administrada en las
primeras horas del infarto reduce la mortalidad, pero no por qué lo hace, ni
tampoco si podemos extender ese efecto beneficioso a otras drogas con
mecanismos similares. Pero un aspecto más complejo y relevante es si la
evidencia de un ensayo controlado me puede asegurar que si indico este
tratamiento a un paciente le va a hacer bien.
Con la misma línea conceptual, la filósofa
Nancy Cartwright publicó en Lancet
una crítica a la verdad de los ensayos clínicos randomizados.
(6) Afirma que la
lógica de los ensayos clínicos asume una primera premisa, que el efecto
probabilístico a favor de un tratamiento exige una explicación causal. Es
decir, si yo reduzco la mortalidad probabilísticamente eso es causado por la
intervención. ¿Por qué? Porque la segunda premisa nos dice que los parámetros
fuera del tratamiento son iguales, dado que la asignación al tratamiento fue
aleatoria y los grupos resultaron iguales. La única explicación lógica posible
para el resultado del tratamiento es el cambio de evolución en algunos miembros
del grupo. Esto es clarísimo. Pero esta afirmación nos trae una gran
dificultad: cambió la evolución del grupo al cambiar la evolución de algunos
miembros del grupo.
¿Cómo trasladamos este conocimiento de que
un tratamiento probado en la forma final de un resultado de un ensayo clínico
es una prueba de que a nuestro paciente le va causar ese resultado? El
resultado del ensayo es solo parte de un argumento probatorio. Podemos decirle
al paciente: esta droga empaglifozina es muy buena,
se la voy a indicar porque por lo general hace bien, pero a algunos no le hace
nada y probablemente a otros le haga mal. No contamos con una verdad dura en
ese sentido. Partimos de una base argumental para la toma de decisiones, pero
es muy difícil pasar de estos resultados probabilísticos respaldados por los
ensayos clínicos a los conocimientos detallados y particulares que requerimos
en el contexto clínico para una persona individual.
Sabemos que es factible reproducir esos
resultados positivos en algunos de nuestros pacientes. ¿Podríamos hacer un
salto y tratar de identificar a esos participantes que se beneficiarán? ¿Con
qué métodos contamos?
Del
análisis de subgrupos a la medicina de precisión
Una herramienta es el análisis de
subgrupos. En el estudio de empaglifozina se observó
que los pacientes con más de 60% de fracción de eyección y los menores de 70
años obtuvieron menor beneficio que los otros. Pero esta observación nos
suscita una inmediata desconfianza, por lo menos a los cardiólogos de mi
generación, por el recuerdo del estudio ISIS II. (7) El Lancet exigió que publicaran los efectos sobre subgrupos, y
los investigadores que no deseaban hacerlo introdujeron un análisis capcioso.
La aspirina bajaba la mortalidad un 20% en la población general; agrupados de
acuerdo con los signos del zodíaco, los pacientes de Géminis y Libra padecían
un incremento del 9% de la mortalidad y en los pacientes de los otros signos
del zodíaco se reducía un 28%. (8) El mensaje fue
muy claro: es divertido analizar los subgrupos, pero no crean en lo que
aparenta, casi siempre es ficticio. Este aprendizaje nos dejó una marca
metodológica positiva, no creer o desconfiar en los subgrupos, pero por otro
lado incrementó nuestra incertidumbre porque cada paciente tiene una particular
edad, género e historia, es decir, cada paciente pertenece a determinados
subgrupos.
En un esquema de análisis sobre las
fuentes de evidencia frente al caso individual, Upshur
(9) propuso dividir
en aspectos cualitativos que requieren lo que llamamos humanismo médico, los
aspectos cuantitativos poblacionales, que pueden fundamentarse en la medicina
basada en evidencias, y los cuantitativos personales, que podríamos hoy
identificar con la medicina de precisión (Figura 5).
Fig. 5. Dimensiones de las fuentes de
evidencias. Upshur. Cita 9.
¿Podríamos construir una medicina de
precisión en cardiología? (10) Este enfoque
tiende a reconocer que podemos recurrir a una inmensa información en el caso
individual, desde el genoma, transcriptoma, proteoma, metaboloma, exposoma, concentrar millones de datos, hacer análisis
estratificados y concluir que a esta persona la aspirina le va a hacer bien.
La aplicación de marcadores genéticos ha
tenido un importante desarrollo en oncología, dado que condicionan la evolución
natural y las respuestas a los tratamientos. En cardiología el desarrollo es
menor y por ahora sin ninguna aplicación práctica. (11) Una limitación
implícita es la magnitud de la información: para poder procesar, analizar y
decidir con este enfoque futuro necesitaremos otra forma de practicar la
medicina, apoyados con inteligencia artificial o incluso una medicina robótica.
Está fuera del alcance de nuestro cerebro el análisis de esta magnitud de
información para el caso individual.
Para resumir este tercer paso reflexivo
sobre la verdad en el consultorio frente al caso individual, la medicina basada
en la evidencia nos aporta confianza para la adopción de conductas, verdades
científicas que son verdades poblacionales y generales. Pero hay un número
limitado de evidencias frente a muchos más problemas que no son estudiados, y a
su vez tenemos la limitación de que practicamos una medicina de poblaciones, no
sabemos qué le va a pasar a esta persona con este nuevo tratamiento.
Aquí me permito un pequeño paréntesis
sobre las recomendaciones que trato de evitar en el consultorio. Es común que
después de un infarto se le diga al paciente: usted a partir de ahora tiene que
comer sin sal, comer menos grasas, cambiar su dieta, si tiene baja la vitamina
D debe recibir un suplemento y tiene que bajar esos kilos de más, aunque no
esté obeso. Dado que cada una carece de evidencias o cuenta con evidencias en
contra no hago estas recomendaciones; por lo menos prefiero no decir mentiras
ni agregar cuidados innecesarios.
Sobre
lo que comunicamos acerca de la enfermedad y el escenario de futuro
Esta última reflexión se orienta a explorar
la dimensión de la verdad de lo que nosotros comunicamos sobre la enfermedad y
las perspectivas de futuro. Entramos en un terreno diferente, el de los
discursos y las metáforas. Lakoff y otros autores
aportaron un cambio revolucionario en la comprensión de las metáforas como
recursos esenciales del pensamiento. (12) No podemos pensar
aspectos complejos de la vida sin metáforas, y lo que resulta más apasionante
es la definición de que “habitamos nuestras metáforas”. Como ejemplo, podemos
preguntarnos qué es la medicina y qué somos los médicos: ¿artistas? ¿sacerdotes?
¿guerreros contra la enfermedad? ¿mecánicos que reparamos órganos
descompuestos?
Si habito la metáfora de la medicina como
arte, vivo la relación con los pacientes de esa manera. Como exageración, soy
el artista y el paciente es un lienzo sobre el cual pinto mi obra. Habitamos
diferentes metáforas como formas de encarar la relación con los pacientes y
familiares desde la medicina.
¿Qué rol cumple la metáfora? Nos permite
comprender un aspecto de un dominio a través de un dominio diferente.
Si afirmo que los senderos de la vida nos llevan acá o allá, que este
recorrido que hemos comenzado juntos, o que marcharemos hacia donde fuera,
describo a la vida como un viaje. Utilizo la metáfora conceptual la vida es
un viaje a través de múltiples expresiones. Cuando habito la metáfora de la
vida es un viaje, así como cuando seleccioné habitar la medicina con la
metáfora del artista, se generan correspondencias que se pegan de un
dominio al otro. Si la vida es un viaje tiene sentido, destino, velocidad,
obstáculos, riesgos, encrucijadas. Todo lo que tiene un viaje se puede referir
como metáfora de la vida. Pero la vida no se puede resumir solo como viaje,
puede admitir muchas otras metáforas, lo que es usual para temas complejos.
Las metáforas son muy relevantes para interpretar
el relato y la comunicación del paciente, reconocer cómo explica su
padecimiento, su enfermedad y su escenario de futuro.
A su vez las metáforas son un recurso muy
relevante para la retórica médica, es decir, los discursos que nosotros elaboramos
a priori, o muchas veces improvisamos, para poder enfrentar las preguntas y las
inquietudes de los pacientes y familiares.
Es un desafío tomar conciencia de la
posibilidad de construir metáforas más adecuadas para explicar las enfermedades
y los tratamientos, que contribuyan a generar una vida más placentera y mejor
adherencia.
Les voy a leer una breve historia de un
libro de Juan Forn, Yo recordaré por ustedes. (13)
“Venía a hacerse ver por los médicos una
molestia que no lo abandonaba. Era un cáncer terminal, pero nadie se animaba a
decírselo. Lo tenían internado en el Hospital de Clínicas con permiso
ambulatorio, mientras le hacían creer que lo sometían a estudios y le
preparaban para una operación. Un día vagando por el sótano del hospital,
Horacio Quiroga encontró un paciente llamado Batistessa.
Lo tenían ahí escondido por su aspecto físico, causado por una neurofibromatosis conocida como elefantiasis. Quiroga
exigió que Batistessa fuera sacado del sótano y
trasladado a su habitación, y en las horas muertas le contaba historias de la
selva. Un día Batistessa oyó hablar a los médicos y
fue a contarle a Quiroga que la supuesta operación que le prometían era en
realidad una simple y dolorosa postergación de la muerte. Quiroga avisó que
salía a caminar, fue a una ferretería a comprar cianuro, regresó al hospital,
mezcló el polvo en un vaso con whisky y se lo tragó.”
Decir la verdad.
En ética médica implica el deber moral de
ser honesto con los pacientes sobre las condiciones de salud, los medicamentos,
los procedimientos y los riesgos, y esto a menudo puede ser desagradable, pero
generalmente es necesario.
¿Cómo decimos es verdad? ¿Cómo la
planteamos? ¿Cómo empatizamos con los pacientes?
¿Cuál es el escenario de futuro que
proyectamos al paciente y su familia?
Todo lo que comunicamos sobre la
enfermedad y el escenario futuro debe ser verdadero. Ocultar implica una
metáfora de lo horrendo, de lo inefable, lo que no se puede decir ni hablar. Es
contra fáctico, pero podrían haberle informado mejor a Horacio Quiroga,
ayudarlo a una mejor muerte o quizás a un último cuento que nos hubiese
alegrado la vida.
¿Cómo cultivamos este tema? Una
posibilidad es generar escenarios metafóricos a través de la investigación. El
menú de metáforas para personas que viven con cáncer es un aporte de lingüistas
que nos propone 17 escenarios metafóricos en contraposición a la metáfora
habitual de la guerra contra el cáncer. (14)
Podemos elegir del menú una metáfora
acorde a lo que percibimos en los pacientes. Vivir con cáncer puede ser una
piedra en el zapato: usted va a tener todo el tiempo una piedra que le va a
molestar, pero no le va a impedir andar. O un camino difícil, con obstáculos,
pendientes, encrucijadas y desviaciones. O una montaña rusa: va tener momento
de quimioterapia o quizás de cirugía, tener subidas y bajadas vertiginosas,
pero siempre vamos a estar acá esperándolo para darle una mano.
Estas son metáforas posibles en la
comunicación del cáncer. Contamos en la medicina cotidiana con muchas pruebas
sobre el poder del lenguaje y la narrativa para curar, pero también podemos
dañar. (15) Las palabras y las metáforas son más
propensas a perjudicar cuando no tenemos competencia narrativa, cuando decimos
mal. Tuve la maldad de recopilar algunos maltratos verbales médicos, (16) centenares de
frases terroríficas que decimos todos los médicos y lamentablemente me incluyo.
¿Cómo adquirimos competencia narrativa?
El primer paso es abordar el tema con
humildad, reconocer que tenemos carencias en ese sentido, y suplirlas con el
entrenamiento en lectura, escritura, talleres de reflexión grupal. Con un grupo
de colegas en Julio del 2022 fundamos la Sociedad de Medicina Narrativa y
tenemos la esperanza de que crezca como disciplina en los próximos años. (17)
¿Qué
es la verdad y cuál es la fuente de legitimación de la práctica médica?
En todo el artículo hice referencia a la
verdad, sin intentar definirla. Es una pregunta clave del pensamiento
filosófico. Podemos recurrir a una de las definiciones de Aristóteles: decir
que lo que no es, es, y lo que es, no es, es mentira. Decir que lo que es, es,
y lo que no es, no es, es verdad. La verdad es una correspondencia entre lo
que nosotros decimos y una realidad objetiva que conocemos. La concepción de la
verdad ha tenido infinidad de cuestionamientos y abordajes. Una de las frases
famosas de Nietzsche no hay hechos, solo interpretaciones acompaña a la
síntesis que Darío Sztajnszrajber hace de su
concepción: ¿Que es la verdad? la mentira más eficiente. (18) La verdad es así
una construcción cultural, temporal y relativa.
A
modo de reflexión final
No es fácil alcanzar una convicción firme
sobre nuestro acceso a la verdad en las cuatro dimensiones planteadas con las
limitaciones que he intentado señalar, a lo que se suma la gran complejidad
filosófica del tema. Intentamos en la práctica de la consulta buscar la verdad
y alcanzar así el escenario más sólido, pero transcurrimos por terrenos
jabonosos, desde la incertidumbre en la interpretación de los síntomas, en las
indicaciones, en la interpretación del discurso de los pacientes y en la
elaboración de nuestra retórica médica. Esta fragilidad puede cuestionar si
practicamos una medicina verdadera y valiosa.
Recurriré a la ayuda de otro filósofo
contemporáneo, Fredriksen, (19) que en su
artículo Las enfermedades son invisibles, nos explica que la medicina no es una
ciencia positiva, basada en hechos incuestionables, sino una ciencia normativa,
una práctica con valores. Valores como el cuidado, la compasión y la
solidaridad orientan y legitiman la medicina, no la precisión o la verdad como
tal.
Paso a un último escenario metafórico, la
medicina para Pérez Tamayo, que es la que intento habitar. (20) La medicina es
un espacio para el encuentro entre un ser que padece y otro que intenta
aliviarlo. Ese alivio proviene de una práctica con la mayor dimensión de
verdad científica y técnica, basada en los valores de los cuidados, la
compasión y la solidaridad que la legitiman.
NOTAS
1 Este artículo surgió inicialmente de una primera
conferencia en la Academia de Medicina el 17 de junio de 2021 en el Seminario
Virtual de La verdad científica en la era de la postverdad,
y una segunda el 22 de octubre de 2022 en el 48° Congreso Argentino de
Cardiología.
1. Yalom I.
Mirar al sol. Editorial Destino.2021
2. Rembrandt .
Lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp. 1632. La Haya.
3. Anker SD,
Butler J, Filippatos G, Ferreira JP, Bocchi E et al. EMPEROR-Preserved
Trial Investigators. Empagliflozin in Heart Failure
with a Preserved Ejection Fraction. N Engl J Med.
2021; 385:1451-1461.
4. Yusuf S.
Two decades of progress in preventing vascular disease. Lancet. 2002; 360:2-3.
5. Rogers
W, Hutchison K. Evidence-Based Medicine in Theory and Practice: Epistemological
and Normative Issues. 851-872. En Schramme T, Edwards
S. Handbook of the phylosophy of medicine. Springer.
2017.
6.
Cartwright N. A philosopher’s view of the long road from RCTs to effectiveness.
Lancet 2011: 377:1400-1401
7. Randomised trial of intravenous streptokinase, oral
aspirin, both, or neither among 17,187 cases of suspected acute myocardial
infarction: ISIS-2. ISIS-2 (Second International Study of Infarct Survival)
Collaborative Group. Lancet. 1988;2(8607):349-60
8. Sleight
P. Subgroup analyses in clinical trials: fun to look at- but don’t believe
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9. Upshur
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2002;8:113-9.
10. Tajer C.
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16. Tajer C.
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Paidós.2014.
19. Fredriksen S. Diseases are invisible. J Med Ethics: Medical
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20. Perez Tamayo
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