El trabajo de Forte y colaboradores sobre la brecha terapéutica en pacientes con diabetes tipo 2 y enfermedad cardiorrenal merece una lectura detenida, no solo por sus resultados sino por lo que exige de nuestra práctica diaria. (1)
El hallazgo central es una omisión, que supera el 90 %, en combinaciones de clase IIa como gliflozinas (iSGLT2) + agonistas GLP1 (arGLP-1), o finerenona + iSGLT2, frente a brechas menores al 10% para inhibidores del sistema renina angiotensina aldosterona (iSRAA), algo que no debería sorprendernos, pero sí incomodarnos. Coincide con lo descripto por Nelson y colaboradores en Estados Unidos, donde apenas el 2,7% de los pacientes elegibles recibía el esquema completo recomendado (2), y confirma que el problema no es la evidencia disponible, sino su traducción en la práctica diaria.
Lo que aporta este estudio de interesante es no reportar tasas de uso terapia por terapia, sino que construye un índice ponderado que jerarquiza las intervenciones según su peso clínico. Esto permite ver que la brecha no es pareja: se concentra en las terapias cardiorrenales de incorporación más reciente como iSGLT2, arGLP-1, y finerenona. Mientras que las herramientas “clásicas” (estatinas, antiagregación, iSRAA) mantienen una penetración aceptable. Esta distinción es clínicamente relevante porque sugiere que el freno no es la resistencia genérica a prescribir, sino algo más específico: inercia frente a lo nuevo, incertidumbre sobre a quién le corresponde iniciar el fármaco, o desconocimiento de los criterios actualizados.
Aquí es donde el artículo interpela particularmente a los cardiólogos. Dixon y colaboradores ya habían documentado que la prescripción de iSGLT2 y arGLP-1 varía significativamente según la especialidad interviniente, con menor utilización precisamente en las consultas de cardiología (3). Si el cardiólogo es, en muchos sistemas de salud, el primer o único contacto especializado del paciente con enfermedad cardiorrenal, delegar el inicio de estas terapias a otras especialidades perpetúa la brecha antes que reducirla.
Dos hallazgos secundarios del estudio merecen atención especial en la consulta: la mayor brecha en mujeres y en pacientes de mayor edad. Ambos patrones fueron descriptos previamente, el primero por Regensteiner y colaboradores en su declaración científica de la American Heart Association, (4) el segundo en el análisis de McCoy y colaboradores sobre beneficiarios de Medicare Advantage, (5) y su repetición en una cohorte argentina sugiere que no son artefactos locales sino sesgos sistemáticos del proceso de prescripción, posiblemente vinculados a percepciones erróneas de riesgo o tolerabilidad más que a contraindicaciones reales.
Como limitación, coincido con los propios autores en que el diseño observacional impide establecer causalidad, y que variables no relevadas: cobertura, costos, y adherencia, probablemente expliquen parte de la brecha. Pero esto no resta valor al mensaje práctico: contar con un índice reproducible para auditar la propia práctica, e incorporar sistemáticamente la revisión de elegibilidad para arGLP-1 y finerenona en cada consulta de un paciente cardiorrenal, parece un paso concreto y de bajo costo para achicar esta distancia entre la guía y la prescripción real.
Declaración de conflicto de intereses
La autora declara que no tiene conflicto de intereses (Véase formulario de conflicto de intereses de la autora en la web)
Consideraciones éticas
No aplica
Bibliografía
1. Forte EH, Adkiman C, Araya C, Castaño YMN, Conforti MJ, De’Marzian G, y cols. Brecha terapéutica en pacientes de muy alto riesgo con enfermedad cardiorrenal: análisis de la implementación de terapias basadas en la evidencia. Rev Argent Cardiol2026;94:314-22. https://doi.org/10.7775/rac.es.v94.i4.21027
2. Nelson AJ, Ardissino M, Haynes K, Shambhu S, Eapen ZJ, McGuire DK, et al. Gaps in Evidence-Based Therapy Use in Insured Patients in the United States With Type 2 Diabetes Mellitus and Atherosclerotic Cardiovascular Disease. J Am Heart Assoc. 2021;10(2):e016835. doi:10.1161/JAHA.120.016835
3. Dixon DL, Salgado TM, Robinson A, Carbone S, Wagner TD, Hyder H, et al. Prescribing patterns of SGLT2 inhibitors and GLP-1 receptor agonists in patients with type 2 diabetes at cardiology, endocrinology, and primary care visits. Mayo Clin Proc. 2025;100(4):647-656. doi:10.1016/j.mayocp.2024.08.026
4. Regensteiner JG, Golden S, Huebschmann AG, Barrett-Connor E, Chang AY, Chyun D, et al. Sex Differences in the Cardiovascular Consequences of Diabetes Mellitus: A Scientific Statement From the American Heart Association. Circulation. 2015;132(25):2424-2447. doi:10.1161/CIR.0000000000000343
5. McCoy RG, Van Houten HK, Deng Y, Mandic PK, Ross JS, Montori VM, et al. Comparison of Diabetes Medications Used by Adults With Commercial Insurance vs Medicare Advantage, 2016 to 2019. JAMA Netw Open. 2021 Feb 1;4(2):e2035792. doi: 10.1001/jamanetworkopen.2020.35792
RESPUESTA DE LOS AUTORES
Sr. Editor:
Agradecemos a la Dra. Analía L. Guazzone su lectura de nuestro trabajo y sus comentarios sobre las implicancias para la práctica cardiológica. Compartimos la necesidad de asumir un papel activo en la implementación de terapias con beneficio cardiorrenal y de evitar que la fragmentación entre especialidades demore decisiones terapéuticas pertinentes.
El índice de brecha terapéutica proporcional busca integrar las oportunidades de tratamiento según la elegibilidad de cada paciente. (1) Su potencial para orientar auditorías clínicas merece un análisis más profundo; su utilización como indicador de calidad asistencial requiere evaluar su validez externa y su sensibilidad al cambio. Asimismo, la ponderación de sus componentes no debe interpretarse como una estimación directa del beneficio clínico perdido.
Coincidimos con la autora en que las barreras de acceso merecen especial atención. La falta de información detallada sobre contraindicaciones, tolerabilidad, adherencia, cobertura y costos impide atribuir la ausencia de tratamiento exclusivamente a inercia terapéutica. (1) Por ello, la brecha identificada debe entenderse como una oportunidad potencial de mejora, que requiere revisar las circunstancias clínicas y las posibilidades de acceso de cada paciente.
Respecto de las diferencias por edad y sexo, corresponde precisar que las asociaciones con mayor edad y sexo femenino observadas en el modelo lineal perdieron significación estadística en la regresión beta. (1) Estos resultados son exploratorios y justifican nuevas investigaciones, pero no permiten afirmar que existan sesgos sistemáticos de prescripción en nuestra cohorte.
Como propone la Dra. Guazzone, una revisión estructurada de la elegibilidad durante la consulta constituye una estrategia razonable. Sugerimos acompañarla con el registro de los motivos de no prescripción y con acuerdos entre cardiología, diabetología y nefrología que definan responsabilidades para el inicio y seguimiento del tratamiento. Esta propuesta es concordante con las recomendaciones de la Sociedad Argentina de Cardiología para implementar unidades cardiorrenales, publicadas en esta revista, que promueven equipos multidisciplinarios con participación de diabetología, protocolos compartidos y seguimiento estructurado con indicadores de calidad. (2) En particular, las combinaciones terapéuticas deben valorarse según la indicación individual y la clase de recomendación correspondiente. Evaluar posteriormente la prescripción efectiva y la continuidad del tratamiento permitiría determinar si estas acciones reducen la brecha observada. El aporte de la carta es, precisamente, invitar a transformar estos resultados en intervenciones concretas cuya efectividad pueda medirse.
Ezequiel H. Forte.
Por los autores
Bibliografía
1. Forte EH, Adjiman C, Araya C, Castaño YM, Conforti MJ, De’Marziani G, y cols. Brecha terapéutica en pacientes de muy alto riesgo con enfermedad cardiorrenal: análisis de la implementación de terapias basadas en la evidencia. Rev Argent Cardiol 2026;94:314-22. https://doi.org/10.7775/rac.es.v94.i4.21027
2. Thierer J, Scatularo E, Renedo MF, Caruso N, Castellaro C, Lavenia G, y cols. Recomendaciones para la implementación de unidades cardiorrenales en la República Argentina. Rev Argent Cardiol 2025;93(Supl 7):1-39. https://doi.org/10.7775/rac.es.v93.s7